Transcribo aquí fragmentos de uno de los excéntricos libros con los que me he topado a lo largo de mi corta pero no vana existencia. No tan brillante como los textos de su hijo, pero si igual de ingeniosos, guardare en mi memoria estos recortes de “Madre de una estrella”, sabías recopilaciones de Dolores Fuertes de Gárrulo, madre del conocido escritor, critico de arte y toilettista, Juan José Gárrulo.
“A pesar de lo que muchos dicen, es difícil ser madre de una estrella. Cuando una esta vieja y decrepita, sus hijos se olvidan de uno, y si tu hijo es famoso, puede que para él, nunca hayas existido.
La primera vez que mi hijo se mostró diferente fue a los tres años. Extrañada y sorprendida lo encontré abrazando el inodoro, abriendo y cerrando su tapa, fascinado. Hable con el veterinario, que por esas fechas era el médico de cabecera del pequeño Juancito. Mientras le realizaba una difícil vasectomía a un gato, me tranquilizo: “ es normal Lola, no te preocupes”, a lo que agrego “me cache en die gato de mierda” cuando éste ultimo le rasguñaba la cara.
Por unas semanas le hice caso, pero paulatinamente y como una auténtica idishe mame me empecé a observar en el niño extraños comportamientos que no había tenido con mis otros dos hijos.
Mientras Juan Antonio y Juan Martín dibujaban personas, familias, árboles y casas, el pequeño artista solo dibujaba inodoros. Muy diversos, de colores, con o sin personas. Sepa usted fanático de mi hijo disculparme, pero yo no entendía su arte, entonces preocupada volví a visitar al veterinario. Este repitió cerrando con llave “no te preocupes Lola y vení para el fondo”. En esos tiempos mi marido pasaba mucho tiempo fuera de casa, y yo mucho con el veterinario, que aunque no teníamos animales, yo era una madre dedicada con mis hijos, y como A + B es igual a C, yo también tenía mis necesidades.
A los cinco años Juancito dio su primer salto. La maestra del colegio me cito y me confeso que mi hijo pasaba más tiempo en el baño que en el aula. Ante mi cara de circunstancia, la maestra confesó que el problema no era la insistencia del niño, sino que este se empecinara en acompañar a todas sus compañeritas al baño de mujeres.
Hay muchas mentiras y verdades en los dichos de mi hijo. Pero no puedo negarlo, fue promiscuo y precoz desde chiquito. Supe tener miedo por su sexualidad cuando se intereso en el arte, pero lo perdí cuando descubrí que el era el culpable de la muerte de más de una tortuga. Tenía una fascinación por jugar al médico con las nenas y a hacerles de plomero, costumbre que hoy, debo confesar que sigue teniendo.
Con respecto a sus orígenes, admito que mi hijo no miente, pero si altera la realidad. Es cierto que vivió en Estados Unidos, pero en Estados Unidos y Defensa, barrio de San Telmo. No nació en Praga como en su primer libro afirma, sino en Fraga, calle del barrio de Parque Chas. Y no vacacionó nunca en Alemania, sino en Hurlingan.
Con respecto a su adolescencia, nunca fomente un espíritu artístico, al contrario siempre lo obligue a trabajar y a dejar de ser un vago de mierda. Pero el muy concentrado en People and Arts me tapaba la boca dándome dinero que ganaba en partidos fraudulentos de truco y canasta. Hoy sigue dándome dinero, mucho más del que desearía y mucho más del que necesito, pero lo gana de formas mucho más cuestionables y me deja muchas más dudas. Aun así, lo acepto sonriendo y le mangueo algún que otro inodoro."
Para vos =)
Casas de Moralidad

Bocinas de colectivos. Hombres gritando. Bicicletas rondando. Mujeres caminando a pasos apresurados, corriendo entre los autos. Barcos a lo lejos. Niños jugando a la pelota. Humo. Barullo.
En el medio de la ciudad, entre los edificios, inútilmente se esconde el Molino Rojo. A la distancia se resalta su presencia, y nos intriga su contenido. No es difícil imaginarlo.
Una casa de la moralidad, en la actualidad. Un prostíbulo en el centro de la ciudad. Conocido por todos. Anhelado por los adolescentes precoces que todavía no pueden entrar. Habitué de los solteros y recuerdo imborrable de los veteranos.
La sociedad lo acepta. Lo propone. Lo admira y hasta podríamos decir que lo respeta y lo quiere. No es posible de otra manera entender su significado turístico y la constante forma en la que se auto intentan convencer que no pasa de un teatro de revista.
¿es posible cuestionar la continuidad de un monumento casi histórico para un país? ¿es cuestionable su uso social y callejero? ¿es positiva la existencia de estos lugares? Por que al menos, hay un sistema de control, hay médicos, hay mujeres que siempre trabajan ahí, con nombre y apellido. ¿es preferible una casa de moralidad ó que este tipo de trabajadoras y trabajadores trabajen en la calle?
Personalmente avalo su existencia. Prefiero que estén en una casa a que estén trabajando en la calle. Es una opinión, personal, única. Probablemente no esté tan de acuerdo con el orgullo que siente el pueblo al Molino Rojo, pero probablemente sea mucha más sano, y menos hipócrita y careta, amar estos lugares para un pueblo, que ocultarlos y decir que no existan.
¿habrá amor en estos lugares? ¿ o simplemente olvidar las penas y soluciones a corto plazo? ¿qué tipo de felicidad puede venderse en estos lugares? ¿es felicidad?
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