Narración incoherente I

Era la mujer más linda del mundo, y era plenamente consiente de eso. Todos los hombres y mujeres la amaban y la querían para ellos mismos. Por eso mismo, nadie era suficiente para ella. Nadie estaba suficientemente a su nivel. Había mujeres que la envidiaban, pero aun así no podía negar su belleza. Los hombres se le quedaban mirando añorándola. Sufría abusos continuamente. Y eso la lastimaba por dentro. Un día se enamoro. Era un hombre al que le sobraban los defectos. Además, era ciego, y no podía ver su belleza. Lamentablemente el ciego no la amaba. Porque sabía que su interior era sucio y despreciable. Porque hablar con ella era no solo aburrido ni redundante si no una completa perdida de tiempo. Estaba vacía. Solo tenía su belleza. Enojada por el desprecio, se puso de novia con uno de los hombres más bellos de la ciudad. Pero era celoso. Tan celoso que cansado de que todos la miraran la mato para solo poder disfrutar él de su belleza. De sus bucles dorados. De su busto adolescente. De su vestido colorado. Solo él. Y el cadáver de la mujer más linda del mundo.


Condezza

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