
Las gotas mojan el piloto. Llueve de nuevo. ¡qué ganas de comer churros rellenos de dulce de leche. ¿y vos en que andás? Girando. Si no te presto atención ¿qué estoy haciendo? Me muestro indiferente, me hago la cool, y me sale mal. Si te doy demasiada atención ¿exactamente por qué esotérico motivo no te dejo en paz? Me importa todo un bledo, no me preocupo por tus problemas, por tu persona, por tu salud.
Un hombre puede ser tan indeciso como cualquier mina. No nos engañemos. No tenés la más pálida idea de lo que querés. Y llega el Sr. Silencio. Vos sabés a la perfección que a mi no me gusta quedarme sola con él, pero me dejas igual. Es mucho más fácil mantenerse inerte que preguntarme que me pasa y solucionar las cosas.
Las parejas que triunfan no son las que no discuten, son las que llevan a cabo el mayor número de peleas con el menor número de heridos. Nadie quiere sufrir, nadie quiere salir lastimado. ¿Entonces porque seguimos en silencio? ¿Por qué no me hablas? ¿Por qué no me interrogas? ¿Realmente crees, pequeño ingenuo, que todo se va a solucionar solo? Por favor decime que lo decís en joda. Sabés perfectamente que estoy maquinando más que un horno en Mc Donald’s al mediodía. No seas una ameba indiferente ante esto. Movete.
Crees que es el hecho de que te presto tanta atención lo que te incomoda. ¿Qué tipo de preocupación es esa? Miedo. No querés atención porque si yo fuera un órgano en tu vida sería un apéndice: algo que si se enferma, se elimina. Pero no querido, las relaciones no son como los apéndices. Son otro tipo de órganos, de ese importante grupo que si no funcionan se cambia. Por eso la gente tarda tanto en encontrar una pareja ideal, porque uno no se casa con el primer hígado que encuentra, uno busca el más compatible. Quiero un hígado que dialogue, que enfrente los problemas con la cabeza en alto, que acepte la ayuda y el cariño que uno intenta otorgarle. Think about it.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario