Después

Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.

Salí corriendo, asustada, estupefacta. En Av. Mitre casi me atropella un bomdi. No. Jamás. Si voy a morir en un accidente de tránsito que me pise un audi. Pero en ese barrio es tan raro un transporte de ese porte, como una monja en una discoteca.
Estaba mariada, no veía correctamente de tanto llorar. Ni siquiera recordaba que colectivos me podían llevar, mientras hacía pocas horas conocía todos y cada uno de sus recorridos.
Las lagrimas llegaron como una abalancha y caí al piso sin fuerzas. Llore en el piso, sin verguenza y sin rencores. Rápidamente, de manera torpe. Casi sin poder respirar.
Un señor mayor se acerco, me paró y me subió en un colectivo luego de que yo le dijera cual era mi destino. Extrañada recorde el día que caminabamos por la capital federal, en la calle Bartolome Mitre, y me hablaste a los pocos meses de salir, que no podrías vivir sin mi. Te mataría con una moto si fuera así fuera. No te crei. Reí y medí las posibilidades. Era más probable que vos me dejarás a que yo lo hiciera.
Como en una película te veo vestido con tus cortos de adidas y tu musculosa gris. Te paraste en seco. Me miraste a los ojos y me pediste que siempre recordara ese momento. Prometiste que mientras yo te quisiera, jamás me lastimarías, no pararías de luchar por nosotros, y nunca me romperías el corazón.
Pero mentiste. Y rompiste las tres promesas juntas.
Tal véz sería ingenua en no admitir que yo tengo culpas. Yo te lleve a ese callejon. Estaba histérica. Mis mejores amigas estaban con sus novios, pasaba poco tiempo con ellas. Muy sensible me encontraba a cualquier respuesta. Peliada con mis padres y terribles miedos a la facultad. Vos tenías tus problemas y yo no te supe acompañar. Te sigo llorando porque con vos fui la mujer más feliz y dichosa del planeta.
Pero me desiluciono que tan rápido tiráras todo por la borda. Llegue a casa llorando y padre corrio a mi encuentro. ¿Qué te hizo ese canalla?. Me hizo feliz.

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