Cada persona al nacer obtiene de regalo una masa amorfa. Un estilo de plastilina, que le permite formar algo así como un molde. El mismo les permite comparar a todo individuo que se cruce en sus vidas con el molde imaginario de la persona que uno desea tener a su lado para crecer en esta vida que nos ha tocado vivir.
Hay nenes que tienen un molde muy grande donde entra cualquier nena. Hay nenas que tienen moldes muy estrechos y perfectos, que engloban altura, carisma, romanticismo y hasta color de pelo.
Hay nenes que tienen varios moldes. Uno para las nenas lindas y tontas, otro para las pechugonas charlatanas, y otro para las caderonas fáciles.
El mayor problema que se puede presentar ante éstas circunstancias, es que ante la hipotética situación de encontrar alguien que entre justo, perfecto en dicho molde, no necesariamente una entre tan justo, o ni siquiera entre, en el del ser querido.En estas situaciones se dan los famosos casos de Amor no correspondido.
Un caso todavía peor, es cuando ambos moldes coinciden de maneras amplias, pero luego de un tiempo, por discuciones efímeras y superfluas, los dueños de los moldes se separan. En dichas circunsancias, y cuando uno ha convivido tanto y tantas cosas con el otro, es dificil separar a la persona del molde. Y nos encontramos que ambos se encuentran atados de manera permanente e inseparable.
Por el resto de nuestra vida, el molde llevará un nombre y apellido. A partir de ese día nuestras relaciones sentimentales influirán en todos los aspectos de la vida. Todo el resto de la población masculina, o femenina, será juzgado con ese molde. Nadie será igual de alto, ni de romántico, ni de detallista, ni de lindo, ni de compañero, ni de sensible.
Jamás calzarás tan perfectamente en el hombro de nadie. O por lo menos no de la misma manera. El recuerdo quedará siempre, tatuado a fuego, como las vacunas de la instancia. Y por el resto de tu vida, intentarás agrandar el molde, para que entre otro, a veces con buenos resultados, otras veces no tanto.
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