Intento de salvar a la juventud de una muerte psicológica casi asegurada.


Nadie lo dice, pero muchos ya se dieron cuenta. Se acerca el fin del mundo.
Un grupo muy perspicaz y precoz de marcianos han creado un programa maligno para fomentar el uso de la electrónica. El Facebook no es más que un supuesto artilugio que plantea la posibilidad ficticia de comunicación interpersonal. Pero es mentira. La gente esta desapareciendo. Son secuestradas y brutalmente asesinadas por nuestros vecinos intergalácticos. Luego, para suplir la falta, utilizan inteligentes programas de photoshop. Nos hacen creer a sus amigos que se van de vacaciones o que salen a bailar, cuando en realidad son simplemente un contacto que poco a poco se olvida. Cada vez sube menos fotos, cada vez firma o contesta menos en tu muro. Sin la más mínima sospecha, olvidás a ese contacto.
Los marcianos son evidentemente una especie avanzada. Nadie lo esta notando. Su avance es silencioso y progresivo. Ni siquiera quien escribe existe. Soy solo un marciano que opongo una pequeña resistencia a los salvajes métodos destructivos de mis correligionarios. Mañana esta nota no existirá. Pasado la raza humana.
Pero hasta que pasado llegue, se destruye psicológicamente al enemigo.
El nuevo Facebook está sacando nuestro lado más vieja de consorcio chusma. Afirmativo. Ahora no sólo ves las fotos y el muro de tus amigos. Ahora podés saber todo de muchos desconocidos que no les importa si vos sabés de ellos o son despistados y no han cerrado tus perfiles.
Ahora no sólo avanzas de contacto en contacto, si no que una foto con muchas etiquetas presenta un mundo completamente desconocido. Personas que luego, cuando te las cruzas en la calle reconoces, porque viste las fotos de sus vacaciones en Tandil, su viaje a Marcos Paz de egresado, o el cumpleaños de su hermanito.
Un mundo nuevo se abre ante nosotros. El de la amiga de tu amiga que jamás te agrego porque te detesta, pero ahora conoces hasta el color de su ropa interior y los boliches que frecuenta. Verás fotos en tanga de una querida profesora o de ese ex que te eliminó para siempre de tus contactos y que siempre quisiste saber si pudo rehacer su vida.
Gracias al nuevo chiche, verás las fotos del viernes 20 de enero de 1994 del primo del carnicero de la tía de la madrina del verdulero del pibe que vivía a la vuelta de tu casa pero que se mudo a España.
Quizás este sea el final. Los jóvenes chusmas y las pendejas que desean estar informadas de lo que pasa en su barrio ya no leerán más libros. No verán más películas. No irán más al cine ni al teatro.
Ahora, sólo ahora, sé porque costanera está vacía. Están todos conectados a esta nueva adicción, peor que el porro, el alcohol y el cigarrillo. Nos esta matando.
Como la prima dulce pero cruel y despiadada, Facebook inocentemente y sin la más mínima sospecha nos está atrapando a todos. En las reuniones, en los aniversarios, siempre esta el pendejo que saca las fotos, frente al espejo, con los diez segundos, para inmortalizar el momento y para que todos lo podamos ver en su página.
Pasamos más horas frente a nuestra computadora, y no sólo hablo de Facebook sino de todo el sistema comunicacional; que frente a nuestros seres queridos. Y lo peor es que pese que tuve un momento de lucidez y el agua me llego al tanque sólo por un instante, lo voy a seguir haciendo. Voy a seguir subiendo notas, y apuntes, y jugando con los juegos superficiales y superfluos, que matan el tiempo, viendo fotos y videos. Voy a seguir conectada. Y es terrible. En el fondo todos nos recatamos de la computadora como de la resaca.
Llega una hora, cuando el sol se oculta detrás de los edificios de esta sucia y sobreocupada capital de la República, en el que todos vemos la computadora y nos preguntamos absortos que hemos hecho en todo el día.
Y la respuesta es nada, con algunos intervalos como colgar la ropa, cocinar, ir a buscar al hermanito a la casa de fulanito de tal, lavar la ropa o una siestita; pero la respuesta del nada va orientado al nada productivo. No soy mejor persona que ayer. Pero quiero ser una mejor persona el día de mañana.
No quiero que el día que me muera, solo puedan decir de mi “Tenía 622 amigos, 15 notas propias y 35 hablaban de ella. 96 etiquetas en fotos ajenas, y 895 fotos propias. Era buena persona, y sociable, lo dicen las 52 personas que le firmaron el muro el día del cumpleaños”. Jamás me conformare con las mediocres expectativas que la frívola sociedad de consumo y los medios de comunicación me quieren imponer.
Pero al mismo tiempo, me interesa saber de la vida de algunos amigos que extraño y quiero con locura, pero que por distintos motivos de la vida, ya sea laborales, noviazgos o de carácter parental; no logro ver seguido.
Por lo pronto, recomiendo que sólo utilicemos Facebook para saber algo de esas personas con las que queremos seguir en contacto, de las cuales sinceramente no sabes si son personas, o si son marcianos. Vos pensalo. Aspira. Y no estoy hablando de merca. Sino a llegar más lejos con tus sueños, expectativas e ilusiones.
Tal vez me este extendiendo demasiado. Tal vez nadie lo lea y solo firmen una felicitación inestimable e indiferente al contenido del mensaje. Por lo pronto desconfíen. Las personas de carne y hueso son confiables. Pero quien esta detrás de la PC ¿quién sabe? Puede estar Jorge Rial o Zulma Lobato. O la amiga con la que pasaste la primavera pasada. No te quedes atado a un sistema comunicacional ficticio, ocasional y comercial.
La vida esta afuera, salí a vivirla. La decisión es pura y exclusivamente tuya.

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