Luego de una exhaustiva investigación comprometida y pertinente en el tema, descubrí en carne propia que hay algo peor que los mates que yo cebo aun en los más fugaces días de inspiración: el café de velatorio.Dicho líquido, no sólo tiene saber a jugo de paraguas en latas, sino que también nos produce nauseas a los estómagos frágiles; sentimiento que todavía mis infusiones porteñas no profanan.
Muchos incrédulos o escépticos podrán afirmar sonrientes y arrogantes, que la cruda verdad no es que el café sea feo, sino que nuestros sentimientos en esas horas son tan frágiles que no podemos degustar correctamente. El café puede ser de saquito o de grano, o bien podría ser un apetitoso café irlandés, y aun así, bajo nuestro precario estado anémico por el golpe emocional de la perdida, no podemos no sólo disfrutarlo, ni siquiera degustarlo correctamente.
Ante estas apresuradas y torpes aproximaciones puedo objetar diciendo que muchas veces no me une ningún vínculo a desdichado difunto. Puedo estar ahí por obligaciones paternales o bien para acompañar a un amigo. Siendo completamente indiferente en la materia sentimental puedo deleitarme con ese café que me recuerda a cuando era niña y usaba el barro para hacer tortas y las plantas de mi abuela para hacer ensaladas. Ese café no es más que un artilugio. Sí, oyeron bien. Tiene varias funciones esenciales.
La primera es la de entretenimiento. Muchas veces uno conoce poca gente, o a una sola persona. Si la misma se ausenta uno queda solo e incomodo. Para salir de esa situación uno tranquilamente se toma un café, aparentando indiferencia ante la soledad. También demuestra falta de respeto por parte del amigo que no presentó a nadie para suplir su falta o a la falta de tacto de los desconocidos simpáticos que se podrían haber acercado, sacar un tema cualquiera y distraerse. Este último punto es su segunda función. Hablar de lo feo que es el café distrae a los concurrentes, les permite por uno fríos minutos olvidar a ese ser amado, dejarlo en pausa en su memoria, sólo por unos instantes, para luego volver a la agonía.
Otro punto llamativo, es que algunas mujeres, luego de probar el café lloran. De esta manera consiguen una imagen de sensibles y cariñosas que no necesariamente es la correcta.
Por último es la salida perfecta. Para aquellos que siempre dudan cuando salir de un velatorio, y cómo hacerlo, oídme. Llega un punto donde que hay que irse. Alguien derramo café en tu saco, mañana trabajas, ya estás harto de que te traten de enchufar a todas las solteras o solteros de la familia en un momento tan incómodo, o simplemente fuiste por compromiso y ahora te querés desentender. Si en cambio el ser es muy querido y querés quedarte toda la noche podés hacerlo, pero pensa que mañana es el entierro y si sos pibe tenés que estar con todas las pilas cargadas para llevar el cajón y si dormís poco te van a enterrar a vos por zombi.
Retomando, el café es la salida ideal. Podés ir a buscar un café y jamás volver si nadie notara tu falta. En caso de que si pueda ser notada hay salidas más sutiles. Como decir que el café te cayó mal e irte con un dolor en el pecho y el alma terrible. Muchos me juzgaran de fría y calculadora, pero es la cruda realidad. Para aquellos que quieran quedarse, el cielo será suyo. A mi una confortable y cómoda cama estará esperándote.
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